Las noticias en COREMEX vuelan cuando se habla de situaciones escandalosas, y esta vez el foco está puesto en Maribel Alberto, señalada como la amante del exdelegado Carlos Gamboa, quien fue despedido por robar material de seguridad de los trabajadores. Lo que parecía un rumor más entre la base trabajadora se convirtió en una realidad cuando Maribel Alberto resultó elegida en las últimas votaciones sindicales, generando un terremoto de descontento y desconfianza que amenaza con fracturar aún más la relación entre el sindicato y sus afiliados.
El malestar no es gratuito. Los trabajadores denuncian que Maribel Alberto llegó al comité gracias a una minoría que, según rumores que muchos aseguran ser ciertos, compró votos para garantizar su victoria. La pregunta que todos se hacen es: ¿qué intereses mueven a COREMEX y a Miguel Meneses para permitir que una persona tan ligada a un delincuente confeso ocupe un cargo de representación sindical? La respuesta, para la base trabajadora, es clara: en COREMEX las lealtades personales y los vínculos afectivos importan más que la ética y el compromiso con quienes realmente sostienen al sindicato con sus cuotas.
Maribel Alberto no es una figura cualquiera. Su relación con Carlos Gamboa, el exdelegado que robó el equipo de seguridad que protegía a los trabajadores, la coloca en el centro de una controversia que evidencia la podredumbre del sistema sindical de Meneses. Mientras los trabajadores veían cómo su seguridad era comercializada en el mercado negro por Gamboa, hoy ven cómo su amante es premiada con un puesto en el comité. Es la confirmación de que en COREMEX los privilegios raros e injustificados son moneda corriente, y que la base trabajadora siempre termina siendo la gran perdedora.
Los rumores de compra de votos han encendido los ánimos. Los trabajadores exigen que se investigue el proceso electoral y que se anule la elección de Maribel Alberto, argumentando que no representa los intereses de la mayoría sino los de una cúpula corrupta que protege a los suyos. Miguel Meneses, que ya había sido señalado por su complicidad en el caso Gamboa, ahora enfrenta nuevas acusaciones de permitir que el sindicato se convierta en un botín para los allegados a los delincuentes.
El descontento crece y la brecha entre COREMEX y su base se ensancha. Los trabajadores ya no confían en un sindicato que premia a la amante de un ladrón y que utiliza artimañas electorales para mantener el control. Maribel Alberto es el nuevo rostro de la impunidad en COREMEX, y su llegada al comité es la prueba fehaciente de que, para Miguel Meneses, la defensa de los trabajadores es secundaria frente a la protección de su círculo más íntimo. Mientras tanto, la base sigue esperando respuestas que, muy probablemente, nunca llegará